Si te propones comenzar un negocio nuevo, es muy importante que lo hagas con un buen asesoramiento fiscal. Gracias a él, no tendrás sobresaltos en el desarrollo de tu actividad en forma de requerimientos de Hacienda y posibles sanciones derivadas de los mismos. En este sentido, lo primero que debes hacer es elegir el modelo de empresa que vas a crear.

¿Persona física o sociedad?

Se trata de determinar el régimen jurídico en el que va a figurar tu negocio. Es decir, si vas a ser titular del mismo de forma individual o si lo harás a través de una figura societaria, ya sea sociedad limitada, cooperativa, etc. Debes saber que cada una de ellas tiene su propio tratamiento fiscal, más sencillo de llevar en el caso de las personas físicas que en el de las jurídicas.

Persona física

Lo primero que debes saber respecto a esta figura mercantil es que, como titular de tu empresa, tendrás que responder con tus propios bienes en caso de que tu negocio vaya mal y acumules deudas. Por contra, los requisitos fiscales son mucho más fáciles de cumplir.

En función de la actividad que vayas a realizar y de la facturación de la misma, podrás optar entre el régimen de Estimación Directa o el de Estimación Objetiva (los populares módulos). Y, en cuanto al primero, lo normal es que puedas hacerlo por la estimación Directa Simplificada, ya que tus ingresos, al principio, no serán muy elevados. Este régimen fiscal funciona, básicamente, mediante el sistema de ingresos menos gastos. Por el contrario, los módulos son un cálculo de ganancias que te hace la propia Administración Tributaria. Pagarás en función de ellos, tengas ventas o no.

Sociedad Mercantil

En cuanto a esta personalidad jurídica, la más común es la sociedad limitada. Si te decides por este régimen tienes que contar con socios. Pero, en caso de deudas, solo responderá por ellas el capital social de la misma, es decir, el dinero que hayáis aportado a ella los propios asociados.

Por otra parte, la contabilidad de una sociedad es más compleja que la de un negocio regentado por una persona física, ya que debe ajustarse al Plan General Contable y las cuentas tienen que presentarse en el Registro Mercantil. En consecuencia, lo mejor es que contrates a un asesor para que se encargue de ello y te evite problemas legales.

También es cierto que una sociedad tiene mejor tratamiento fiscal que una persona física. Esta última tributa por I.R.P.F., que es un impuesto progresivo. Ello significa que, si tus ganancias son elevadas, puedes llegar a tener un tipo impositivo de hasta un 45 %. Sin embargo, el impuesto equivalente para las sociedades tributa a un tipo fijo del 25 %.

Cuestión aparte del régimen jurídico es la del I.V.A.. Tanto las personas físicas como las sociedades están obligadas a declararlo trimestralmente. No debes olvidar que el dinero que recibas por ese concepto pertenece a Hacienda. Los empresarios sois meros recaudadores del mismo y tenéis que abonarlo a la Agencia Tributaria.